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Biblioteca Alertio · Línea Emociones

Cuando la rabia visita a nuestro hijo o hija

Cuando la rabia visita a nuestro hijo o hija

Qué es la emoción

La emoción es la forma en que nuestro cuerpo y nuestra mente reaccionan ante lo que nos pasa. Es como una señal interna que nos avisa: "esto me gusta", "esto me asusta", "esto me parece injusto". Aparece sin ser elegida y su función es ayudarnos a entender lo que necesitamos en cada momento. En los niños pequeños esta señal es todavía muy intensa y muy difícil de controlar, porque su "freno" interno, la parte del cerebro que regula los impulsos, aún se está construyendo y predomina más la parte emocional que la racional. Por ello, todos nuestros intentos de hacer razonar a un niño serán en vano.

La rabia, también conocida como "ira", "furia" o "cólera", es muy veloz, domina y se va casi sin que te des cuenta. Por lo general, se adueña del niño o la niña cuando considera que hay una situación muy injusta o que atenta contra su bienestar.

Cómo se manifiesta la rabia entre los 3 y 8 años

Entre los 3 y los 4 años la rabia suele explotar de forma muy física: gritos, pataletas, tirarse al suelo, morder o pegar. No es "mal comportamiento" en el sentido en que lo pensamos los adultos, es que el niño todavía no tiene palabras suficientes para explicar lo que siente, así que lo expresa con el cuerpo entero.

Con el tiempo, conforme crecen, entre los 5 y los 8 años, comienzan a poner algunas palabras ("¡no es justo!", "¡te odio!", "¡déjame!"), aunque siguen teniendo estallidos intensos, especialmente cuando están cansados, tienen hambre o se sienten incomprendidos. También puede aparecer de forma más silenciosa: cerrarse, negarse a hablar, dar portazos, andar con paso intenso o irse corriendo a su habitación.

Todo esto forma parte del desarrollo esperable a estas edades; lo que cambia con el tiempo no es que la rabia desaparezca, sino que el niño va aprendiendo, poco a poco y con ayuda, a sostenerla y gestionarla mejor.

Por qué es importante hablar de ella

Todos sabemos que, en una sociedad civilizada, que predomine la rabia no es algo útil. Por ello, cuando le ponemos nombre a lo que un niño siente, le estamos dando algo muy valioso: la posibilidad de reconocerlo la próxima vez. Un niño que puede decir "estoy enfadado" tiene ya un primer paso de control sobre algo que, si se queda sin nombre, solo puede actuar.

Hablar de la rabia no la alimenta ni la justifica; al contrario, ayuda a que dejen de sentirse solos ante algo tan grande, y les enseña que sentir rabia no los convierte en "niños malos", sino en niños que están aprendiendo a gestionarla, igual que aprenden a caminar o a hablar. La rabia nos permite poner límites a los demás, demostrar por qué algo nos enfada y defendernos cuando nos sentimos injustamente atacados. Pero antes de llegar a una explosión de rabia, es importante saber identificar los primeros signos de alerta y tener capacidad de reacción racional. Esto es más fácil cuando son un poco más mayores y saben describir qué situaciones o personas les hicieron sentirse así.

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Cómo abrir la conversación esta noche

Una sugerencia sencilla: en un momento de calma, nunca en medio del enfado, puedes sentarte con tu hijo o hija y decirle algo como: "A veces, yo también siento rabia, ¿a ti qué cosas te la dan?", y podemos poner un ejemplo de nuestra propia experiencia.

Empezar hablando de ti mismo, y no directamente de él o ella, baja las defensas: no se siente examinado, no siente "una charla" sobre su comportamiento, sino que se siente acompañado. Escucha lo que te cuente sin corregir ni minimizar, y valida lo que expresa, no juzgues. Evita expresiones como "no pasa nada", "no es para tanto", "eres un exagerado". Es importante finalizar la conversación agradeciéndole que lo haya contado y dándole las gracias por confiar en ti. Además, podemos aprovechar la situación para decirle que "la próxima vez que te pase podemos buscar ayuda juntos", o "la próxima vez que te pase, si quieres, te puedo ayudar".

La rabia o enfado también cumple una función

Aunque la rabia sea una emoción desagradable, es igual de válida que el resto y cumple una gran función. Conocerla nos permite escucharla en lugar de evitarla y ocultarla; dejamos de tener miedo a esas reacciones y lo vemos como una oportunidad para enseñarles, poco a poco, a conocerse a sí mismos.

Referencias bibliográficas

Eisenberg, N., Spinrad, T. L., & Eggum, N. D. (2010). Emotion-related self-regulation and its relation to children's maladjustment. Annual Review of Clinical Psychology, 6, 495–525.

Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). El cerebro del niño. Alba Editorial.

Núñez Pereira, C. El emocionario. Di lo que sientes. Palabras Aladas.

Pilar Martínez Zapata Escrito por Pilar Martínez Zapata Psicóloga General Sanitaria

Especialista en infancia y adolescencia y neuropsicología

Nº colegiado/a: MU03901 Murcia
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