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Biblioteca Alertio · Introducción

Qué son las emociones y cómo hablar de ellas

La emoción es ese proceso natural que tiene tu hijo continuamente, cuando algo sucede y cuando no. Y es que tu hijo tiene emociones a todas horas, ocurra algún cambio o no, aunque sólo sea una emoción de aburrimiento en respuesta a que nada nuevo sucede. Las emociones aparecen para ayudar a tu hijo a diferenciar lo que puede ser positivo para él de lo que no. En muchas ocasiones, la emoción guía a tu hijo para que consiga lo que puede necesitar para su desarrollo y bienestar y le ayuda a adaptarse a las dificultades que le rodean.

Cómo aparecen las emociones en tu hijo

Por ejemplo, cuando tu hijo juega con sus amigos suele sentir seguridad, ya que es una situación conocida. Tu hijo está acostumbrado a jugar con ellos y ya sabe qué esperar. Esta emoción es agradable y el pequeño querrá repetirla. Seguramente tu hijo querrá volver a jugar con estos niños en otra ocasión al recordar cómo se sintió la última vez.

Por otro lado, cuando tu hijo ve una situación novedosa y diferente puede sentir miedo. En este caso posiblemente busque la compañía de los adultos. Este miedo también es adaptativo ya que le ayuda a mantenerse lejos de posibles peligros, como irse con extraños.

Cómo se manifiesta según la edad

Los niños de 3 a 8 años son capaces de experimentar emociones de manera similar a los adultos. Sin embargo, no siempre son conscientes de las emociones que han experimentado y en ocasiones no serán capaces de verbalizarlas. Esto quiere decir que en ocasiones tu hijo actuará de una manera que ni tú ni él seréis capaces de entender.

Todo esto tiene una explicación: tu hijo se encuentra en la primera infancia, en pleno desarrollo cerebral. Aunque cada niño es diferente y se desarrolla a una velocidad diferente, la capacidad para comprender conceptos e ideas es limitada. Por lo tanto, para él puede ser un reto identificar esas sensaciones corporales que llamamos emociones y transformarlas en palabras. En su lugar, puede que salte y abrace a otros niños cuando esté feliz. También puede que cuando sienta celos se interponga físicamente en tu camino y llore. Esto sucede porque antes de que los niños sean capaces de verbalizar lo que sienten se expresan con conductas que pueden resultar difíciles de entender.

Normalmente, de los 3 a los 5 años los niños ya comienzan a identificar y verbalizar las llamadas emociones simples. Esto significa que son capaces de verbalizar si están felices o tristes y diferenciar lo que les gusta de lo que les disgusta. A partir de los 6 años los niños suelen empezar a ser conscientes de las emociones complejas, comenzando a poder hablar y reflexionar sobre emociones como el miedo, los celos o la vergüenza. Estas emociones también están relacionadas entre sí. Por ejemplo, tu hijo puede tener miedo cuando ve a un animal muy grande. Tu hijo también puede sentir miedo cuando se expone una situación novedosa con personas que no sabe cómo afrontar y estaría sintiendo vergüenza. También puede sentir miedo cuando teme que otro niño atrape toda la atención del adulto y estaría sintiendo celos.

En ocasiones, aunque tu hijo ya sea consciente de su emoción no ha aprendido a verbalizarla. Esto puede dificultar su comunicación y facilitar que continúe expresándose por medio de otras conductas. Por ejemplo, cuando tu hijo se avergüenza de algo que pasó con un amigo puede que ya sea consciente de esa emoción, pero no haya aprendido a verbalizarla de manera asertiva. En este caso, aunque ya tenga la capacidad para aprender a verbalizar su malestar tu hijo podrá expresarlo con otras conductas como llorar o irse.

Por qué es importante hablar de ello

Hablar de las emociones con tu hijo es importante porque facilitas su desarrollo y adaptación. Y es que no sólo le ayudas a aprender sobre las emociones e identificar la emoción que siente, sino que también le ayudas a crear el hábito de verbalizar su emoción. Las conductas que se aprenden desde la infancia salen automáticamente en la edad adulta en momentos de tensión. De esta manera, hablar de las emociones con tu hijo puede facilitar que éste desarrolle hábitos de expresión emocional sanos en la infancia y en la edad adulta.

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Cómo abrir la conversación esta noche

Hay muchas maneras de comenzar a hablar con tu hijo acerca de sus emociones, pero recomiendo mantener una actitud abierta y positiva, sin juzgar las respuestas del niño, sin obligación a que responda a todas las preguntas. Mantén una actitud abierta a que el niño pueda no saber responder a algo, siéntete libre de saltarte esa pregunta porque tal vez no esté preparado para ella aún. El simple hecho de hablar sobre su emoción ya le está ayudando, todo vale. Asegúrate de que hablar de las emociones sea una experiencia positiva premiando toda participación y evita corregir sus respuestas. Con el tiempo tu hijo responderá cada vez mejor sin necesidad de corregirlo, lo importante es crear un espacio en el que pueda hablar sobre las emociones libremente.

Como recomendación, puedes comenzar eligiendo la emoción de la que te gustaría hablar, por ejemplo, el miedo. A continuación, puedes elegir una situación en la que creas que ha podido sentir esa emoción y pregúntale que sintió cuando sucedió ese evento, qué sensaciones notó y que pensó. También puedes preguntarle si se ha sentido así en alguna otra ocasión o si conoce a alguien más que se haya podido sentir así alguna vez también. Otra manera de preguntarle sobre esa emoción es preguntar directamente si recuerda alguna ocasión en la que sintió la emoción. También podemos preguntarle sobre qué le ayudó a sentirse mejor cuando notó esa emoción. Esto le ayudará a aprender qué pensamientos y sensaciones se relacionan con esa emoción, qué le funcionó para sentirse mejor en otras ocasiones y en qué situaciones se suele experimentar esa emoción.

En definitiva

Hablar con tu hijo sobre sus emociones es algo que recomiendo encarecidamente porque le ayudas a identificar sus emociones, a expresarse verbalmente y a desarrollar un hábito importante para su bienestar y adaptación que le será de utilidad durante toda su vida.

Laura Méndez Corredera Escrito por Laura Méndez Corredera Psicóloga General Sanitaria Nº colegiado/a: AN09870
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