La vergüenza: no se tapa, se acompaña
Hay emociones que los niños expresan con facilidad. Lloran cuando están tristes, gritan cuando están enfadados o buscan a un adulto cuando tienen miedo. Pero la vergüenza suele ser diferente.
Cuando aparece, muchas veces el niño quiere esconderse, bajar la mirada o dejar de ser visto. Puede ocultarse detrás de mamá o papá, ponerse rojo, quedarse callado, negarse a saludar o decir que no quiere participar. Puede aparecer cuando tiene que hablar delante de otras personas, cuando se equivoca, cuando recibe demasiada atención o cuando siente que los demás están pendientes de él.
Y aunque desde fuera pueda parecer una situación pequeña, para el niño puede sentirse muy grande. La vergüenza no es algo que tengamos que hacer desaparecer. Es una emoción que podemos aprender a comprender y acompañar.
¿Por qué mi hijo se esconde cuando alguien le habla?
La vergüenza aparece cuando sentimos que estamos siendo observados o juzgados y pensamos que aquello que hacemos, decimos o mostramos puede no ser aceptado por los demás.
Por eso, cuando un niño siente vergüenza, frases como "no tengas vergüenza", "no seas tímido" o "venga, saluda" no siempre consiguen ayudarle.
Podemos ofrecerle algo diferente:
"Puedes sentir vergüenza y yo sigo estando aquí."
Porque sentir vergüenza no significa que haya algo malo en él.
La vergüenza también se siente en el cuerpo
Antes de poder explicar lo que le ocurre, su cuerpo probablemente ya lo esté mostrando. Puede sentir calor en la cara, ponerse rojo, bajar la mirada, encogerse, quedarse en silencio, notar tensión o tener ganas de esconderse.
Podemos ayudarle a reconocer esas señales:
"Parece que ahora mismo te apetece esconderte".
"¿Has notado que tu cara se ha puesto calentita?".
"Creo que te ha dado un poquito de vergüenza".
Poner palabras a lo que ocurre permite que una experiencia que puede resultar confusa empiece a tener un nombre. Y cuando podemos nombrar lo que sentimos, también podemos empezar a comprenderlo.
No la tapamos, acompañamos
A veces intentamos hacer que la vergüenza desaparezca cuanto antes:
"Venga, saluda." "Pero si no pasa nada".
"¡Qué vergonzoso eres!".
Aunque nuestra intención sea ayudar, podemos transmitirle que sentir vergüenza es algo que debería evitar.
Podemos hacer algo diferente: acercarnos, esperar, ofrecer nuestra presencia y darle tiempo.
"Te da un poquito de vergüenza. Está bien".
"No tienes que hacerlo ahora mismo".
"Cuando estés preparado, podemos intentarlo juntos".
Acompañar no significa evitar para siempre aquello que le produce vergüenza. Significa ofrecer seguridad mientras aprende, poco a poco, que puede afrontar esas situaciones.
Cuidado con las etiquetas
No es lo mismo decir:
"Mi hijo es muy vergonzoso"
que decir:
"A veces le da vergüenza cuando tiene que hablar delante de otras personas".
La primera frase puede convertirse en una idea sobre quién es:
"Yo soy así".
La segunda habla de una experiencia concreta que puede cambiar.
Por eso, intentemos no convertir una emoción en una etiqueta. Tampoco necesitamos comparar, ridiculizar o exponer al niño para conseguir que supere la vergüenza.
Podemos transmitirle:
"Puedes equivocarte y seguir estando bien".
"Puedes sentir vergüenza y yo voy a seguir a tu lado".
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Abrir conversaciones sobre la vergüenza
No necesitamos esperar a que aparezca una situación difícil para hablar de esta emoción. Podemos hacerlo en momentos tranquilos, utilizando cuentos, juegos, imágenes o las propias cartas de emociones como una oportunidad para conversar.
Podemos preguntarle:
"¿Qué crees que está sintiendo?".
"¿Qué puede notar en su cuerpo?".
"¿Qué crees que le gustaría hacer?".
También podemos descubrir que una misma situación puede despertar emociones diferentes:
"¿Puede aparecer miedo cuando sentimos vergüenza?"
"¿Y tristeza? ¿Y enfado?"
No es necesario que el niño hable directamente de sí mismo. A veces resulta más fácil comenzar hablando de un personaje y, desde ahí, acercarnos poco a poco a sus propias experiencias.
Si quiere compartir algo, podemos escuchar sin minimizar ni buscar inmediatamente una solución. Y si no quiere hablar, también podemos respetarlo:
"No tienes que contármelo ahora. Cuando quieras, podemos hablar de ello".
El objetivo no es conseguir que la vergüenza desaparezca, sino ayudar al niño a reconocerla, comprenderla y descubrir que puede transitarla sin tener que esconderse.
La vergüenza no se tapa. Se acompaña.
Porque cuando un niño aprende que puede ser visto, equivocarse, ponerse nervioso o sentirse diferente y, aun así, seguir siendo querido y aceptado, la vergüenza deja poco a poco de tener tanto poder.
No necesitamos enseñarles a no sentir vergüenza.
Necesitamos enseñarles que no tienen que esconderse cuando la sienten.
Escrito por
Clara González Pérez
Psicóloga General Sanitaria
Nº colegiado/a: CL-04543
Las cartas Así me siento incluyen la emoción de la vergüenza, ilustrada para que tu hijo la reconozca y la nombre con facilidad. Un buen punto de partida para seguir practicando este tipo de conversaciones en casa.